Por: María Gladys Pacheco Rojas
Docente de Lengua y literatura
Neuroeducadora
Investigadora
Integrante Activa de la Red de Maestros de maestros de Chile
En mi rol como profesora de Lengua y Comunicación en los séptimos años básicos A, B y C de la Escuela Polonia Gutiérrez Caballería, enfrenté el desafío de enseñar un tema clásico como la biografía, pero con un enfoque que conectara con los intereses y dinámicas actuales de los estudiantes. Sabía que el aprendizaje debía ir más allá de las lecturas tradicionales, análisis textuales o videos biográficos. Por ello, decidí incorporar la inteligencia artificial, específicamente la herramienta Gemini, como un recurso pedagógico innovador que estimulara su curiosidad y participación activa.
El plan era sencillo pero poderoso: los estudiantes interactuarían directamente con la inteligencia artificial, dándole una instrucción específica para jugar un juego de rol en el que Gemini asumiría la identidad de un personaje famoso elegido por ellos. Entre las elecciones destacaron nombres como Chris MJ y Frida Kahlo. Durante la actividad, los estudiantes hicieron preguntas a la inteligencia artificial, quien, como el personaje encarnado, les proporcionó respuestas detalladas y matizadas, basadas en datos históricos y biográficos.
Lo más sorprendente de la experiencia fue la profundidad y personalización de las preguntas de los estudiantes. Mientras que una biografía tradicional puede ofrecer una visión general de la vida de una persona, las interacciones con Gemini permitieron explorar aspectos únicos y emocionalmente significativos de sus personajes elegidos. Por ejemplo, un estudiante que trabajó con Chris MJ le preguntó cuál era la canción que más le había costado escribir. Gemini, en su rol de Chris MJ, no solo respondió con el título de la canción y la historia detrás de su creación, sino que también proporcionó un enlace a YouTube, permitiendo al estudiante experimentar la obra de forma más integral.
Al finalizar la actividad, cada estudiante escribió una biografía del personaje basado en lo que había aprendido en la interacción. Este ejercicio no solo reforzó los contenidos académicos, sino que también fomentó habilidades como la escritura creativa, la formulación de preguntas críticas y la capacidad de sintetizar información de manera significativa.
Esta experiencia me dejó una lección clara: la inteligencia artificial, cuando se utiliza conscientemente, tiene el poder de transformar la pedagogía. No se trata de reemplazar el proceso de aprendizaje, sino de darle una nueva dimensión, donde los estudiantes asumen un rol activo en la construcción de su conocimiento. Al proporcionarles una función específica, como la de investigar y dialogar con una herramienta tecnológica, logramos que comprendieran el valor de usar la inteligencia artificial como un medio para aprender, en lugar de una herramienta para copiar información sin reflexión.
En una era donde la tecnología está moldeando la manera en que interactuamos con el mundo, esta experiencia reafirmó la importancia de enseñar a los estudiantes a trabajar con estas herramientas de manera ética y eficiente. La pedagogía del siglo XXI no puede quedarse atrás: debemos preparar a nuestros estudiantes no solo para consumir conocimiento, sino para construirlo, cuestionarlo y aplicarlo en contextos significativos.

